Quimio: Efectos secundarios

Elmundosalud.com

Las reacciones provocadas por la quimioterapia se deben a los efectos que los fármacos tienen sobre las células sanas y, aunque son muy frecuentes, lo normal es que cada persona reaccione de manera diferente. Puede que usted no experimente ninguna de las sensaciones que se describen a continuación, o éstas varíen de grado a lo largo de todo el tratamiento. Consulte a su médico todo lo que le preocupe. Hable con él.

La mayor parte de los pacientes suele sentir cansancio a consecuencia de la ‘quimio’, aunque también hay quien logra seguir con su vida normal sin que el tratamiento interfiera en sus actividades laborales, sociales o familiares. Además, gracias a los avances, los fármacos que se emplean ahora en quimioterapia son cada vez más selectivos, de manera que matan a las células malignas causando mínimos daños a las sanas.

Es difícil predecir cómo va a reaccionar cada paciente porque no existen parámetros homogéneos. Es normal que todo el malestar desaparezca cuando se finalice el ciclo, cuando las células encuentran oportunidad de reponerse por sí mismas de los efectos de los fármacos quimioterápicos. Sólo en algunos casos, según qué agente quimioterapéutico se emplee, los efectos persisten para siempre, e incluso pueden producirse daños en órganos como los riñones, los pulmones o el aparato reproductor. Es cierto que la medicina ha evolucionado mucho y ya existen otros fármacos capaces de evitar estas raras reacciones. Al margen de estas excepciones, lo más frecuente es que usted experimente:

Fatiga.
Este estado de cansancio y falta de energía prolongada es el más común, y se diferencia un poco del agotamiento que pueden experimentar los individuos sanos.

Náuseas y vómitos.
Las nuevas generaciones de fármacos antieméticos -los que se usan para evitar las náuseas- suelen administrarse incluso de manera profiláctica para evitar que la quimioterapia provoque este tipo de reacciones. Pero no siempre funcionan. Para evitarlo, los especialistas recomiendan beber líquidos al menos una hora antes o después de las comidas, comer despacio y en pequeñas cantidades, evitando las grandes comilonas. Manténgase alejado de olores que le disgusten, evite las comidas grasientas o muy fritas, respire profundamente cuando sienta que empieza a encontrarse mal y si se encuentra con ánimo, utilice terapias de relajación, yoga, lea un libro que le guste… De todos modos, recuerde, no todos los fármacos oncológicos producen náuseas.

Pérdida del cabello.
La alopecia es uno de los efectos secundarios que más preocupa a los enfermos y que más personas experimentan, aunque no todos los medicamentos provocan este problema. Algunos pacientes desarrollan este problema durante los primeros días de terapia, en otros casos es necesario esperar varios ciclos para notar la pérdida, unos de manera radical y otros progresivamente, depende de muchos factores. Generalmente el pelo vuelve a crecer cuando finaliza el tratamiento, tal vez con un color o textura diferente, éste es un problema menor al que la mayoría de la gente se readapta sin dificultad. Algunas personas optan por dejar el cuero cabelludo al aire, aunque la mayor parte de las personas recurren a pañuelos, gorros o pelucas para cubrirse. Todo depende de qué le haga sentirse más cómodo. Además se recomienda emplear champús suaves, aplicarlos sin frotar el cuero cabelludo, evitar que el secador tenga una temperatura demasiado alta y también evitar los tintes y otros productos permanentes. La pérdida de pelo no afecta sólo a la cabeza, y puede implicar también a otras áreas del cuerpo como el pecho, los brazos, piernas y pubis.


Dolor.
Los fármacos empleados en quimioterapia pueden afectar a los nervios, lo que en ocasiones provoca quemazón, entumecimiento, hormigueo en los dedos de pies y manos e incluso cefaleas y dolores musculares o abdominales. Es importante que le describa a su médico dónde le molesta, con qué frecuencia, si emplea algún fármaco para aliviarlo, si empeora a alguna hora del día etc.


Anemia
La quimioterapia ataca a todas las células del organismo, lo que incluye a los glóbulos rojos, responsables de transportar el oxígeno a todas las partes del cuerpo. De manera que cuando estos vehículos no son suficientes, muchos tejidos no reciben bastante alimento para realizar su trabajo. Es lo que se conoce como anemia, una patología que puede hacer al paciente sentirse débil, cansado, con dificultades para respirar… Durante la quimio suelen llevarse a cabo recuentos regulares de glóbulos rojos, cuando los niveles descienden demasiado puede recurrirse a una transfusión sanguínea, o bien a un fármaco llamado eritropoyetina. Mientras tanto, para combatir la anemia descanse lo suficiente, limite las actividades que realiza a las imprescindibles, pida ayuda cuando la necesite, coma una dieta equilibrada… La pérdida de apetito es muy frecuente en estos pacientes, hasta el punto de que algunas veces es necesario recurrir a la alimentación intravenosa durante los primeros días y hasta que la persona sea capaz de volver a comer por sí misma. Las comidas pequeñas y ligeras (cuatro o seis al día en lugar de sólo tres), los zumos y sopas, o los pequeños paseos antes de comer son algunos pequeños trucos para despertar el apetito.

Infecciones.
Los fármacos también limitan la producción de glóbulos blancos, las defensas de nuestro organismo, lo que nos vuelve más vulnerables a infecciones y otras enfermedades, de manera que incluso aunque se tenga cuidado puede acabar padeciendo alguno de estos problemas. Los recuentos permitirán controlar los niveles de leucocitos y saber si es necesario recurrir a otros medicamentos que aumenten estas cantidades. Mantenga una buena higiene, evite el contacto con personas enfermas, vigile las pequeñas heridas, lávese bien los dientes… son algunas de las maneras más sencillas de evitar la infección.

Problemas de coagulación.
La producción de plaquetas disminuye con este tipo de anticancerígenos, de manera que los enfermos pueden sangrar más de lo normal o hacerse hematomas frecuentemente, incluso con pequeñas heridas o golpes.


Otros:
diarrea o estreñimiento y problemas gastrointestinales, hipersensibilidad en piel y uñas, dificultad al tragar, inflamación de los tejidos de boca y esófago, irritación intestinal, retención de líquidos, afectación de los órganos y las relaciones sexuales… Debido a que la ‘quimio’ puede causar sensibilidad en la boca y garganta se recomienda hacer una visita al dentista antes de comenzar el tratamiento. Este profesional puede informar de los posibles efectos secundarios de la terapia y de los mejores cuidados para los dientes.

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